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“El nivel de investigación es magnífico… Lástima que no le saquemos más rendimiento”

Entrevista con Pablo Ortiz, director general de Digna Biotech

Medio: Nueva Gestión 

“El nivel de investigación es magnífico… Lástima que no le saquemos más rendimiento”

La firma biotecnológica participada por el Gobierno foral a través de Sodena, Digna Biotech, está a punto de cumplir sus primeros cuatro años de vida. Quedamos con Pablo Ortiz, su director general, para hablar de los inicios de la compañía,

sus próximos retos y de cómo trabajan para lograr su misión: “dar valor mediante el desarrollo preclínico y clínico a la propiedad

intelectual que generan los investigadores del Centro de Investigación Médica Aplicada, CIMA, de la Universidad de Navarra”. También conversamos sobre la situación que vive su sector, en rápido crecimiento en España, así como del nivel de la investigación en nuestro país.

Digna Biotech se constituye en 2003. ¿Cómo han sido sus cuatro primeros años de vida?

Aunque la sociedad se constituye en el año 2003, la actividad como tal la iniciamos un año más tarde con una cartera formada por siete patentes de CIMA de las que elegimos tres para empezar su desarrollo. De ahí hemos pasado hoy a más de veintiocho patentes y casi treinta productos. Estamos encantados y en ello ha influido, sobre todo, la actividad que realiza nuestro centro investigador y que nos ha permitido lograr un crecimiento exponencial.

¿Se han encontrado con algún tipo de obstáculo en este tiempo?

Pues tengo que decir que no. Realmente lo que hemos tenido han sido apoyos y una suerte increíble. Sólo nos hemos enfrentado a la incertidumbre que acarrea depender de un experto que puede salir bien o mal. Hasta ahora todo ha salido siempre bien… Por otro lado, el apoyo del Ministerio, a través del CDTI, y del Gobierno de Navarra os ha venido estupendamente para atraer el interés de nuestros inversores privados. Es el caso reciente de Clave Mayor que se ha unido a Digna invirtiendo en uno de nuestros principales productos, la Cardiotrofina-1. Su confianza en nosotros nos llena de orgullo. Por último, la Universidad en su conjunto, y no sólo el CIMA, también se ha volcado con nosotros.

¿Cuáles son los retos de futuro a los que se enfrenta?

Hay uno clarísimo y de futuro inmediato. Para la próxima primavera, queremos ver si la crema que hemos investigado sobre la esclerodermia cutánea funciona en el ser humano. Si esto es así, si las pruebas que se logran en esta denominada “fase dos” son positivas, el salto que habremos dado es gigantesco ya que podríamos contar con un primer producto destinado a paliar una enfermedad terrible en las personas… 

Y, ¿cuándo llegará al mercado?

En un año y medio o dos, aunque lo esencial es que la incertidumbre cambia. Cuando has demostrado que uno de tus productos funciona en el hombre, el camino hacia el mercado sigue siendo duro y caro, pero eso ya no nos corresponde a nosotros sino al laboratorio que comercializará a posteriori el producto.

Junto a este desarrollo, ¿tienen otros proyectos en cartera?

A medio plazo, queremos crear la “Digna Industrial”, una compañía tecnológica que permita dotarnos de la infraestructura y el equipo necesarios para hacer el trayecto que hemos seguido con nuestro primer producto, desde la patente hasta la “fase dos”, pero muchas más veces y con otras investigaciones.

Investigación y mercado ¿Cuántas personas forman actualmente Digna Biotech?

Tenemos en nómina a veintidós personas de las que doce se encargan de la parte administrativa y las otras diez están integradas en los equipos de CIMA.

¿Esas personas establecen las prioridades en la investigación?

El contacto y la relación con nuestro centro investigador es permanente por lo que, más que dirigir la investigación, nos amoldamos al trabajo que se está realizando. Ahora, de todo lo que se presenta siempre hay una prioridad. Por ejemplo, se trabaja sobre un grupo de sustancias que tienen un efecto antifibrótico y la labor de Digna es ver si vamos primero a la fibra de la piel, a del hígado o la del pulmón. Hemos ido a la piel porque consideramos que es el órgano más fácil de explorar y el que tiene menos riesgos de toxicidad. Luego, existen otra serie de variables que también se consideran: la solidez de la investigación, el grado de innovación, el mercado potencial, el coste del desarrollo…

¿Cuáles son las últimas investigaciones en las que participan?

Me lo pones difícil porque todas son descubrimientos apasionantes. Por ejemplo, hemos encontrado una sustancia que es capaz de mejorar la terapia que se realiza a los pacientes que han sufrido un infarto para que no les aparezcan trombos en la sangre. También podemos hablar de otra que podría mejorar la tasa de eficacia de las vacunas… Todos estos trabajos se encuentran ahora mismo en una fase inicial de investigación. Ahora hay que establecer un plan de desarrollo que facilite la ingente inversión que resulta necesaria para profundizar en esa primera línea de investigación.

Hablando de inversiones, Digna Biotech nació a partir del compromiso de diez socios financieros, ¿ha habido alguna nueva incorporación?

No. Digamos que se mantiene el bloque original aunque sí que hemos visto que hay interés en el mundo financiero por nuestra actividad y el trabajo que realizamos. Como respuesta a ese interés, hemos buscado una fórmula que consiste en proponer al sector público y privado la participación en proyectos concretos, ya que cada uno por sí representa una inversión muy fuerte. A tal fin, hemos buscado aquellas investigaciones que hemos considerado que sobresalen por su solidez y por las expectativas de éxito que tenemos sobre ellas. Así ha sido en el caso reciente del acuerdo alcanzado con Clave Mayor y Suanfarma para desarrollar el fármaco Cardiotrofina-1.

En su opinión, ¿investigar en España resulta hoy caro?

Al contrario. La buena investigación en España es más barata porque está muy ligada a la financiación pública y porque el investigador es un hombre muy vocacional. Creo que el Centro Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, utiliza bastante bien el dinero para obtener investigaciones de una altísima calidad a un coste muy competitivo…

Estamos hablando de una ventaja competitiva enorme entonces…

Absolutamente. Por eso es una pena que no saquemos rendimiento económico de esa situación. Tenemos un magnífico grupo de investigación, desarrollamos una labor de altísima calidad, pero no conseguimos retornos porque patentamos muy poco. En el CIMA hemos batido todos los récords en este campo.

¿A qué se debe esa falta de patentes, en su opinión?

L propio investigador no cree que su trabajo se vaya a desarrollar. Así que patentar sin esperanza… Nadie se anima. Por otro lado, hasta que no han aparecido los biotechs, el investigador nunca ha tenido asociado ningún instrumento que le garantice el pleno desarrollo de su trabajo, entre otro motivos, porque las inversiones que se necesitan son muy grandes. Digna, por ejemplo, destina al año entre tres y cuatro millones de euros al desarrollo de patentes, una cifra prohibitiva para la Universidad. Asimismo, en Europa no tenemos la tradición que mantiene cualquier instituto norteamericano de ver la aplicabilidad del conocimiento y ahí pagamos el pato muy seriamente. Por último, el investigador es juzgado todavía por el número de publicaciones que hace. Si uno publico, eso ya no se puede patentar. Habría que intentarlo hacer al revés para que España pueda tomar ventaja del ambiente de conocimiento que se ha elaborado hasta ahora.

 

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