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El "cariño" en el venture capital

Suena rara esa palabra en un mundo de economías y dineros como es el Venture Capital (VC). Pero no lo es tanto, ya que el VC, esa parte del capital riesgo más cercana a los nuevos proyectos incipientes y a los emprendedores, tiene muchos más componentes emocionales y subjetivos que los planes de negocio y las cuotas de mercado.

Es este un factor que por un lado aporta más humanidad (¿o humanismo?) a los proyectos de inversión, pero que puede ser otro elemento que nos complique más la toma de decisiones especialmente en la salida de los proyectos, bien por bueno o por malo. Quiero decir, cuando un proyecto va mal es un freno que nos impide tomar a tiempo y fríamente la decisión de cortar a modo de cirujano con el proyecto que, normalmente, es el mejor favor que podemos hacer al emprendedor y a nuestra empresa de VC, ya que así no alargaremos agonías inútiles y podremos destinar fondos a nuevos proyectos a los que dar una oportunidad.

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Datos, motores económicos y apoyo al emprendedor

A mediados de octubre, Diario de Navarra se hacía eco de un informe de la consultora Human según el cual las empresas de nuestra provincia se decantan hoy en día por trabajadores tan dotados para la venta como para el ahorro.

Por su parte, Diario de Noticias recordaba en similares fechas que el Servicio Público de Empleo Estatal (hasta hace bien poco, Inem) había retirado hasta agosto del presente año 1.382 prestaciones por desempleo. Son tan solo dos detalles de nuestra actual situación económica y laboral.

En cualquier caso, la economía navarra no es muy diferente de la del conjunto del estado, tal y como se desprende del informe realizado por la empresa Nielsen sobre el impacto de la inflación en el comportamiento del consumidor: durante 2012, la mitad de los españoles solo pudo afrontar los gastos relacionados con la vivienda y los productos básicos, datos, además, similares a los del conjunto de la Unión Europea. Incluso Actualidad Económica, en uno de los reportajes para su número de mediados de mes, reconocía un ligero optimismo en lo referente al final de la recesión pero también consideraba la dificultad del análisis de la situación por la "heterogeneidad de los datos" recogidos en los últimos meses y porque, de los "cuatro motores" de la economía (gasto público, consumo, inversión y sector exterior), los tres primeros no aportan crecimiento, sino que "siguen restándolo".

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De todo, como en botica

Cuando hace casi 25 años comencé mi etapa profesional en esta casa, un profesional del incipiente capital riesgo en nuestra comunidad me dio, entre otros buenos consejos, dos claves por las que guiarse en este proceloso mar del capital riesgo.

La primera era que “no hay proyecto de inversión bueno o malo, si no empresario o emprendedor bueno o malo”.

La segunda era que más valían “proyectos modestos, incluso en sectores maduros, pero con fundamentos técnicos, comerciales y financieros simples y solventes” que “proyectos jactanciosos cuyos fundamentos se sustentaban en tecnologías revolucionarias, crecimientos exponenciales y financiación inagotable”, vamos, “que el papel lo aguanta todo”.

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Inversión extranjera directa, ¿competencia o competitividad?

La Inversión Extranjera Directa, IED, no está exenta de controversia y genera a menudo un debate centrado fundamentalmente en los potenciales efectos positivos o negativos para las economías receptoras.

El tema está ampliamente documentado en la literatura económica. Se incide en que para evaluar los efectos de la IED es necesario tener en cuenta el nivel de desarrollo económico de los países receptores. Para ser breve y generalizando, los costes, los beneficios, los riesgos y las oportunidades que genera o puede generar la IED no son los mismos en los países en desarrollo que en los países desarrollados. Ello se explica, en parte, porque la motivación y requerimientos de los inversores que consideran uno u otro tipo de países son distintos. Es mi opinión que la capacidad, y quizás también la voluntad, de los gobiernos para gestionar los efectos colaterales, positivos y negativos, de la IED instalada en sus territorios es también diferente, y que este debería ser un segundo factor a considerar.

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Los idiomas en la empresa

Empecé mi vida laboral gracias a los idiomas. Me contrataron como administrativa con inglés y francés para trabajar en el departamento comercial de una empresa francesa.

No tenía ninguna experiencia y fue gracias a mi buen nivel de idiomas que conseguí el puesto. Solo hice una entrevista con una conversación en francés para comprobar mi bilingüismo ya que realicé mis estudios en Francia. Eran otros tiempos. Hoy en día para encontrar trabajo hay que pasar por una serie de pruebas y tener el máximo de titulaciones. En aquella época era todo más fácil y había mucha oferta. Actualmente hay mucha competencia y el conocimiento de idiomas es un requisito imprescindible para ocupar un puesto de trabajo.

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