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Fractura del fracking

Hace ya tres años que escribí mi primera entrada en este blog. El título era: “Shale gas, amenaza u oportunidad”. Si recordamos, la novedad de estos sistemas era la técnica con la que el gas o el petróleo existente en el subsuelo es extraído; estas técnicas son llamadas técnicas de fracking y gracias a ellas se consiguen extraer combustibles que de otra forma permanecerían en nuestro subsuelo. En aquel momento, la verdad es que podía parecer atractivo lanzarse a la aventura, sobre todo viendo como gracias a estas técnicas de extracción no convencional, en países como EEUU el precio del gas había bajado un 75% y la electricidad estaba por debajo de los precios de hacía 30 años.

A pesar de que la rentabilidad financiera de estos proyectos parecía más que asegurada, eran y son muchos los riesgos medioambientales que esta técnica de extracción entrañaba.

Hace unos días leía en prensa una noticia cuyo titular era “El milagro del ‘fracking’ se desmorona en Estados Unidos”. He de reconocer que el titular me alegró un poco el día… En aquel país fueron numerosas las empresas que con esta técnica de fractura hidráulica o fracking comenzaron a buscar en el subsuelo tanto gas natural como petróleo. Pues bien, muchas de ellas se están “yendo a pique” debido al bajo precio del petróleo que hace que sus costes de extracción no sean competitivos.

Según indicaba ese artículo de El Pais, el caso que más revuelo ha tenido ha sido el de Samson Resources (empresa adquirida hace cuatro años por 6.600 MM€). De ser una de las petroleras privadas más importantes del país, a no poder sostener sus finanzas en una coyuntura en la que caen los ingresos, el beneficio se evapora y las reservas pierden valor. Pero no es la única que lucha por su supervivencia; las más afectadas son pequeñas empresas que hace una década no existían y que nacieron bajo la “furia” del fracking.201602 PostCP

Parece claro que a día de hoy se produce más petróleo del que realmente se necesita y llevará tiempo ponerlo en línea con la demanda.

Creo que si hoy tuviera que titular de nuevo mi post de hace tres años tendría más razones para decantarme por la “amenaza” que por la “oportunidad”. Además de los riesgos medioambientales que existían y existen, está claro que la rentabilidad financiera que entonces parecía asegurada ha quedado demostrado que depende de factores externos difícilmente controlables y predecibles.

Cristina Pascual Morrás

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