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Volar o no volar...

De todos es conocida, asumo, la importancia cada vez mayor de la accesibilidad por vía área para promover el desarrollo económico de una región. Y no solamente para la atracción de inversión directa, uno de los cometidos de Sodena, sino también para el resto de las actividades relacionadas con la internacionalización, las exportaciones de bienes y servicios de nuestras empresas y las visitas de turistas (de ocio o de congresos) y consumidores de servicios dispensados en nuestra Región.

Es cierto que los navarros nos hemos acostumbrado, o nos estamos acostumbrando, tanto a la oferta aérea existente desde Pamplona y aeropuertos vecinos, como a los percances que, por la ley de probabilidades, ocurren de manera más habitual cuantas más conexiones sean necesarias.

Mi anécdota personal de este pasado viernes supuso la utilización de 11 horas para viajar de Dusseldorf a Pamplona, en vez de las (solo) 6 previstas. Y 24 horas más para la maleta, que llegó el sábado a las 23:45h. Estoy segura que, desgraciadamente, esta no es una experiencia única ni, probablemente, la peor.

Nosotros, los de casa, lo sufrimos, como un mal menor, sabedores del resto de fortalezas de Navarra que compensa esta debilidad: su población altamente educada y productiva, su entramado empresarial competitivo e innovador, su alto nivel de inversión en investigación y desarrollo, sus infraestructuras y su excelente calidad de vida, combinada con su rica gastronomía, su legado histórico y cultural, su naturaleza y tantos otros aspectos...

Pero ¿y los de fuera? Los de fuera pueden aprender sobre estas fortalezas por informes, estadísticas y cada vez más por videos deYouTube. Pero si lo quieren comprobar, si quieren hablar con nuestras empresas, nuestras universidades, nuestros centros tecnológicos, nuestras autoridades, nuestros centros de reuniones y hoteles, entonces, tendrán que venir, y para ello, casi siempre, volar.

14.10 volar o no volarY es aquí donde la accesibilidad de Navarra por transporte aéreo afecta, ya no solo al negocio en concreto que motiva el viaje, sino además y sobre todo, a la imagen de Navarra, que a su vez influye en el potencial de desarrollo de toda futura actividad económica iniciada desde el exterior. Y ver disminuido este potencial por una insuficiente conectividad supone, a mi entender, un alto coste para el presente y futuro de esta Comunidad.

Navarra es atractiva, pero un poco menos si es dificultoso llegar en avión. Y de nuevo mi viaje de la semana pasada, donde un alto ejecutivo de una empresa de automoción situada en la zona de influencia de Stuttgart se lamentaba expresamente de las escasas conexiones aéreas con Pamplona, que conocía bien.

Soy consciente de que este no es un tema nuevo, ni fácil de resolver. Más aún en los tiempos que vivimos, cuando las soluciones, sobre todo las que cuestan dinero, son difíciles de implementar. Pero no debiera serlo la tarea de identificarlas, analizarlas y diseñarlas. Confío y quiero creer que en esas sí estamos. Y que en esas, tanto el establecimiento de una conexión desde Noain con un hub europeo (yo sugeriría alemán, y no por mi último viaje), como la integración del desplazamiento a los aeropuertos vecinos de Bilbao y Biarritz en la oferta del viaje (como ya lo hacen las vecinas San Sebastián y Zaragoza) sí se están considerando. Porque la inversión puede ser alta pero el coste de no hacerlo es indudablemente mayor, y cada vez más.

Amaya Manrique Pérez

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