¿Ratón o liliputiense?

18 Junio 2015

El otro día, hablando sobre los cambios en el trabajo, me acordé de un libro que leí cuando estaba preparando uno de los talleres de introducción al emprendimiento que impartía hace unos años a estudiantes universitarios donde trabajábamos conceptos como “iniciativa”, “creatividad” o “innovación”. Aunque al principio de los talleres algunos de los asistentes te miraban como si fueras marciano, finalmente se implicaban mucho al realizar los ejercicios que les proponíamos a pesar de que les suponía salir de su rutina habitual de clase, en especial, el ejercicio en el que les hacíamos usar su imaginación, dándoles tres o cuatro objetos sin relación aparente entre sí para crear uno nuevo e innovador. Los resultados eran muy buenos e incluso ellos mismos se sorprendían de lo que podían llegar a inventar.

El libro que comentaba, escrito por Spencer Johnson, M.D. se titula “¿Quién se ha llevado mi queso?” y nos cuenta a través de una historia en forma de parábola cómo afrontar los cambios, no solo en el mundo empresarial sino en la vida cotidiana, en este mundo en constante evolución. Cada parte del relato tiene su significado:

  • El lugar donde se desarrolla, el laberinto, representa el mundo real en el que nos movemos donde hay zonas conocidas donde nos sentimos seguros pero otras son desconocidas e incluso pueden resultar peligrosas.ratones

  • El queso, representa la meta que queremos alcanzar.

  • Los personajes principales (los ratones y los liliputienses), las distintas formas de afrontar los cambios. Mientras a los ratones más observadores e intrépidos no les pillan los cambios por sorpresa y salen rápidamente a buscar nuevos quesos cuando ven que se está acabando donde habitualmente lo tenían, a los liliputienses les cuesta más reaccionar y en algún caso no lo hacen a tiempo y se quedan sin queso.

A través de la historia el autor nos va lanzando mensajes como: “la vida es un constante cambio”, “debemos anticiparnos al cambio para que no nos tome de sorpresa”, “si nos anticipamos al cambio podemos controlarlo” o “disfrutemos el cambio. Si no llegamos a sentir que nos gusta seremos infelices”.

Las personas como las organizaciones no estamos ajenas al cambio, es algo a lo que tenemos que enfrentarnos antes o después. En nuestra vida cotidiana estamos inmersos en constantes cambios cada vez más acelerados con la evolución de la tecnología.

Creo que pocas personas se sienten cómodas y asumen los cambios con facilidad pero es importante nuestra actitud en el momento de afrontar el cambio, ya que de esta puede depender su éxito o fracaso. Una actitud positiva puede ayudarte a ver las oportunidades e incluso minimizar los problemas, a afrontarlo como un reto en lugar de una amenaza.

En relación con los cambios en las organizaciones para conseguir esa actitud positiva creo que es necesaria la información y participación del equipo en el proceso, que todo el mundo conozca los motivos y el objetivo del cambio a realizar para conseguir su motivación e implicación en el mismo.

El saber adaptarse es algo que hoy en día se demanda mucho en el terreno laboral. A pesar de que la especialización aún sigue siendo importante para algunos puestos de trabajos, cada vez más las empresas demandan personas capaces de actuar en distintos contextos, dispuestos a aprender para volver a empezar, esto es, adaptarse y ser flexible.

No podemos ignorar o resistirnos a los cambios, la diferencia está en cómo decide cada uno afrontarlos; si ser ratón o liliputiense.


Marian Erro Martínez

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