¿Maldita o bendita zona de confort?

18 May 2015

Últimamente he oído e incluso utilizado en numerosas ocasiones (quizás demasiadas) la expresión “zona de confort”, siempre con una connotación negativa y relacionada con la gestión de personas y equipos.

Pero ¿qué entendemos por "zona de confort”?

Si navegamos por wikipedia, nos encontramos con la referencia a un breve ensayo de 2009 escrito por Alasdir White donde delimita el concepto al ámbito de la psicología definiendo la zona de confort como “un estado de comportamiento en el cual la persona opera en una condición de ansiedad neutral, utilizando una serie de comportamientos para conseguir un nivel constante de rendimiento sin sentido del riesgo”.

Esta definición técnica, si la extrapolamos al ámbito de la gestión de equipos, podemos traducirla como “el acomodo de aquellas personas que han renunciado a tomar iniciativas obteniendo un rendimiento constante”. Ahí está la clave: INICIATIVA.

La iniciativa muy a menudo supone riesgo y por lo tanto incertidumbre... es decir, desconocimiento del resultado final... y esto genera incomodidad... y por lo tanto recelo a salir de la zona de confort.

Eso nos puede llevar a no tomar la iniciativa en nada y por lo tanto no tener que asumir decisiones... y así no equivocarnos nunca... y por lo tanto finalmente NO PROGRESAR NUNCA... quedándonos en la (maldita o bendita) zona de confort.

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Una vez identificada la zona de confort existen tres alternativas:

  1.   Mantenernos en ella y especializarnos en nuestro limitado ámbito de actuación.
  2.   Arriesgar y buscar salidas para salir de nuestra zona (o ampliarla).
  3.   Esperar a que la organización o las circunstancias nos obliguen y “nos saquen de la zona de confort”.

En mi opinión, los perfiles multidisciplinares (tan de moda hoy en día) se construyen apostando por la segunda alternativa, huyendo de la especialización muy concreta o de la mera función autómata de realizar tareas según recibimos instrucciones. Para ello, el individuo debe estar convencido y dispuesto a ello, y no esperar a que le saquen de la zona de confort por obligación (además, en ese caso tardará poco en definir su nuevo acomodo).

Por todo ello, creo que asumir riesgos y tomar la iniciativa en el ámbito profesional siempre es bueno:

  • en caso de fracaso aprenderemos de los errores cometidos (salvo que el fracaso sea descontrolado y la salida de la zona de confort resulte una huida sin planificación que conlleve consecuencias desastrosas) y planificaremos mejor nuestra siguiente salida de la zona de confort.

  • en caso de éxito, nos llevará a la conquista de nuevos territorios que deberemos explorar y dominar hasta anexionarlos a nuestra zona de confort original, ampliando nuestros conocimientos y habilidades... para posteriormente preparar el siguiente salto.

20150518blogCFV2Está claro que la decisión de salir de la zona de confort debe ser una decisión personal y con convencimiento, la imposición es difícil que motive… pero todo esto es teoría. En la práctica, ¿están las empresas preparadas para que las personas de sus equipos salgan de la zona de confort? ¿Trabajan para ello? ¿Nuestras organizaciones facilitan a las personas la toma libre de decisiones? ¿Lo incentivan? ¿O todo lo contrario? ¿Se penaliza el error? ¿El riesgo? ¿La iniciativa?

Para despejar todas estas incógnitas tanto de carácter personal como organizacional debemos responder a ciertas cuestiones:

  • ¿Somos propensos o reacios al cambio? ¿Lo facilitamos?

  • ¿Preguntamos y escuchamos a todos los miembros del equipo?

  • ¿Permitimos y premiamos la iniciativa en detrimento de resultados más seguros?

  • ¿Estamos dispuestos a dar paso y relevo a otros?

  • ¿Permitimos el desarrollo profesional de nuestros compañeros?

  • ¿Tomamos decisiones en nuestro entorno? ¿Las discutimos?

  • ¿Proponemos cambios a nuestros equipos? ¿A nuestros responsables?

  • ¿Cuántas cosas nuevas acometemos sin experiencia previa? ¿Alguna? ¿Nos preguntamos si es bueno?

  • ¿Proponemos alternativas o nos limitamos a criticar y ver solo los inconvenientes?

  • ¿Facilitamos el intercambio de información? ¿Compartimos?

Está claro que, como casi siempre, en el equilibrio está la virtud y en todas las organizaciones la diversidad enriquece y es buena. Por lo tanto no es descartable que todos los perfiles encuentren su acomodo para su óptimo rendimiento con independencia del tamaño de la zona de confort ya que siempre habrá alguien que arriesgue por el resto.

En mi caso, prefiero estar rodeado de exploradores ávidos de ampliar su zona de confort que de grandes expertos de su pequeña isla de confort. A estos ya los llamaremos cuando necesitemos una consulta puntual, si nos surge.

Hace ya tiempo escuché a Xanty Elias definir este camino: “De la zona de confort a la zona de pánico para llegar a la ZONA MÁGICA”. Es un magnífico resumen; busquemos la magia en nuestras organizaciones para la obtención de resultados innovadores saliendo de la zona de confort y sin estancarnos en la zona de pánico.


Carlos Fernández Valdivielso

 

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